Una noche a los 24 años soñé que mi cuerpo y mi cabeza crecían, no en el sentido de aumentar de tamaño, sino en el de cambiar de configuración, un sueño extraño. Me desperté con la resaca de esta sensación, para darle un poco de cordura al asunto, lo asumí como una señal de que había completado la transición de adolescente a hombre. Acepto lo que ocurre en mi vida aunque a veces no tenga mucho sentido. Bien, hoy tengo 30 y puedo asegurar que aun no tengo claro eso de ser un hombre como funciona exactamente, sin embargo, lo que si tengo claro es que la forma de sacarle el mayor sabor a la increíble casualidad de que estemos aquí es buscar la felicidad, o mejor dicho, ser feliz el mayor tiempo posible. Aunque la idea es simple, me ha costado tres vidas llegar a adoptarla como objetivo... Debe ser porque tenemos a nuestro alrededor demasiado ruido aturdidor y mareante con un master en distraernos de las cosas que realmente son importantes impidiendo escucharnos a nosotros mismos. En la primera de mis tres vidas exploré la vida nocturna y noctambula como es obligación para cualquiera que trabaje de barman en una gran ciudad. Noches y noches sin dormir o días y días usando las persianas como barricadas contra la luz del sol, al estilo Dracula pero con menos romanticismo y sin sangre de por medio, preferimos un cocktail. Copas y música, música y copas, las chicas (gracias por sus atenciones), los locales de la vida canalla, los camiones cisterna que nos bebimos, levantarme sin usar casi nunca el despertador, los pintorescos amigos que no puedes conocer en otros ambientes, las risas etílicas y los "no vuelvo a beber en la vida" del día siguiente... tras 5 años de calzarme la pajarita y acomodado ya tras la barra, la primera de mis vidas tocaba a su fin, no estaba ahí mi destino, la vida nocturna no me hacía feliz. ¿Cómo darle gustito a la cabeza y al corazón para que se sientan bien? eso no es fácil de responder. Cada día nos cruzamos en la calle con gente que lleva en su rostro las marcas de las batallas perdidas... ansiedad, preocupación, stress, mal humor. No es culpa suya, el sufrimiento les ha ganado la partida. Llegar a los 70 con una mirada intensa y un corazón colmado de experiencias con sabor va a ser "el reto" que le debo a aquel niño que pasaba las tardes emocionándose con las películas de aventuras.
miércoles 12 de noviembre de 2008
me gustan las pelis de aventuras
Una noche a los 24 años soñé que mi cuerpo y mi cabeza crecían, no en el sentido de aumentar de tamaño, sino en el de cambiar de configuración, un sueño extraño. Me desperté con la resaca de esta sensación, para darle un poco de cordura al asunto, lo asumí como una señal de que había completado la transición de adolescente a hombre. Acepto lo que ocurre en mi vida aunque a veces no tenga mucho sentido. Bien, hoy tengo 30 y puedo asegurar que aun no tengo claro eso de ser un hombre como funciona exactamente, sin embargo, lo que si tengo claro es que la forma de sacarle el mayor sabor a la increíble casualidad de que estemos aquí es buscar la felicidad, o mejor dicho, ser feliz el mayor tiempo posible. Aunque la idea es simple, me ha costado tres vidas llegar a adoptarla como objetivo... Debe ser porque tenemos a nuestro alrededor demasiado ruido aturdidor y mareante con un master en distraernos de las cosas que realmente son importantes impidiendo escucharnos a nosotros mismos. En la primera de mis tres vidas exploré la vida nocturna y noctambula como es obligación para cualquiera que trabaje de barman en una gran ciudad. Noches y noches sin dormir o días y días usando las persianas como barricadas contra la luz del sol, al estilo Dracula pero con menos romanticismo y sin sangre de por medio, preferimos un cocktail. Copas y música, música y copas, las chicas (gracias por sus atenciones), los locales de la vida canalla, los camiones cisterna que nos bebimos, levantarme sin usar casi nunca el despertador, los pintorescos amigos que no puedes conocer en otros ambientes, las risas etílicas y los "no vuelvo a beber en la vida" del día siguiente... tras 5 años de calzarme la pajarita y acomodado ya tras la barra, la primera de mis vidas tocaba a su fin, no estaba ahí mi destino, la vida nocturna no me hacía feliz. ¿Cómo darle gustito a la cabeza y al corazón para que se sientan bien? eso no es fácil de responder. Cada día nos cruzamos en la calle con gente que lleva en su rostro las marcas de las batallas perdidas... ansiedad, preocupación, stress, mal humor. No es culpa suya, el sufrimiento les ha ganado la partida. Llegar a los 70 con una mirada intensa y un corazón colmado de experiencias con sabor va a ser "el reto" que le debo a aquel niño que pasaba las tardes emocionándose con las películas de aventuras.
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1 comentarios:
me gusta como piensas, me gusta como escribes...espero que algún día hagas la película o el corto del que hablas
saludos navegante
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